Hay muchas empresa, negocios y pymes que sobreviven “tirando del carro”, pero pocas que realmente acaban creciendo y ganando dinero de verdad.

Y lo más curioso es que la mayoría no quiebra por falta de ventas, sino por decisiones mal tomadas en el día a día, disfrazadas de sentido común.

 

Tres de ellas son tan comunes que merecen ser estudiadas… porque probablemente tú también las hayas tomado.

 

1. Congelar precios “para no perder clientes”

Muchos negocios llevan años sin revisar sus precios, por miedo a que el cliente se vaya.
Mientras tanto, sube la luz, los proveedores, el alquiler y los sueldos.
¿Resultado? Cada venta deja menos margen.
Y cuando te das cuenta, vendes mucho, trabajas más… pero ganas menos.
Una subida de precios bien comunicada no espanta a los buenos clientes, filtra a los malos y mejora la rentabilidad sin cambiar nada más.

💡 Caso real: un restaurante en A Coruña aumentó sus precios un 8 % tras analizar escandallos. No perdió clientes, pero su beneficio subió un 21 %.

 

2. No tener control real de los números

El 80 % de las pymes gallegas no saben cuánto ganan por producto, servicio o cliente.
Tienen facturación, pero no rentabilidad.
El dueño confía en “el saldo del banco” o en “lo que diga la gestoría”, sin analizar márgenes, costes variables ni punto de equilibrio.
Eso equivale a conducir con los ojos cerrados: puedes avanzar, pero no sabes hacia dónde ni cuánto te queda de gasolina.

💡 Solución práctica: revisa cada mes tus tres KPIs básicos:

    • Margen neto por producto o servicio.

    • Coste fijo mensual total.

    • Punto muerto (facturación mínima para no perder dinero).

Con eso ya puedes detectar fugas y anticipar problemas antes de que te exploten.

 

3. No profesionalizar los procesos

“Yo lo hago todo porque así sé que sale bien.”
Frase típica… y principio del fin.
Cuando el negocio depende del dueño para todo, no hay empresa, hay autoempleo.
Sin sistemas, sin procesos y sin equipo formado, cualquier imprevisto (una baja, vacaciones, exceso de trabajo) rompe la operativa y ahoga la rentabilidad.
Esa falta de estructura es la que impide escalar y descansar.

💡 Ejemplo gallego: un taller mecánico en Lugo duplicó su productividad solo documentando los procesos básicos y usando un CRM sencillo para las citas y presupuestos.

 

Conclusión 

La mayoría de negocios que cierran no lo hacen de golpe, sino poco a poco:
una decisión mal tomada cada mes, una revisión que se retrasa, un miedo que se disfraza de prudencia.

Pero todos tienen solución si actúas a tiempo.
Empieza detectando dónde estás perdiendo dinero antes de que el problema crezca.

 

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